Morir de Amor

Al atardecer, miraba al cielo

Ella acunaba las estrellas que iban lloviendo en su boca, suspiraba y acariciaba el silencio

Miraba con ojos de latido a las hojas y transmitía a la tierra el calor de su ternura

Elevaba la mano al padre para susurrar al soberano cuidado ante sus hijos, muerte al aciago muro

Ya fuera descubriendo un tesoro, o sorbiendo un gajo de mandarina en su boca, los ojos le lloraban tanto de alegría, como de placer

Ondulada su voz en el hágase tu voluntad y consagraba toda acción entregando los frutos desde el amor incondicional

Su piel bailaba el día entero sin grandes banquetes, un sorbito de agua bastaba para inyectar la magia al útero del universo

Y así, moría de amor, nacía al placer